Recientemente tuve la oportunidad de observar la reacción (poco instructiva) de un peregrino, cuando después de una jornada de duro y sofocante camino se encontró con la tesitura de no tener opción de poder sentar sus reales a una mesa a reponer fuerzas. Camino al margen, la sensación no nos es ajena ¿verdad?, ¿a que jode? Es lo que tiene este overbooking veraniego que a veces nos toca aguantar a todos.
¿Todos? Parece que a todos no. Tras la incorporación del piesnegrismo y el loucost, puede que el concepto self-service haya llegado también al mundo del peregrino, sin avisar y según está “el patio” para quedarse. Equipados con un hacha, un nuevo grupo de viajeros recorre estos días el Camino dirección a Santiago. Seguidores a ultranza del sírvase ud. mismo, gracias a esta herramienta, puertas, cerrajas, persianas no son óbice para acceder a su sustento. Primero fue Obanos, después Puente (que ya ha adaptado su popular homenaje al peregrino a los nuevos tiempos)…¿llegarán a Santiago? ¡Hagan sus apuestas!
¡Peregrino! ¡Peregrina! ¡Pasa de colas en restaurantes, fondas y posadas y hazte con tu hacha ya!
PD Comerciante, si eres uno de los afortunados en recibir la visita de un peregrino self-service, colabora quedándote quieto y dejando hacer tal y como indica está guía de actuación. No se merecen.
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