Aquello de la distancia mas corta entre dos puntos es la línea recta está muy bien como teoría pero llevarla a la práctica cuando uno va por Pamplona en coche es poco menos que una pequeña odisea y desde hace ya bastante tiempo cuando me toca conducir por Pamplona las continuas obras y calles cortadas me lo recuerdan. Si encima eres de los que apuran para llegar con el tiempo justo a los sitios (mala costumbre de la que para desesperación de algunos puedo dar fe) ya puedes conocer el terreno como la palma de la mano que tal y como están las obras cada día es un festival y no hay ni GPS (ya sea tom-tom o lis-ton) ni PTV que aguante el tipo y te ayude a llegar a tiempo a las citas.
Por eso cuando uno está inmerso en todo este pequeño caos agradece llegar al pueblo donde las cosas son un poco más fáciles. Bueno, a decir verdad y hablando de Obanos eran un poco más fáciles, porque tal y como esta el patio con la renovación de las calles desde hace algún tiempo que también el andar por el pueblo se las trae pero como uno ya está no se si acostumbrado o resignado piensa: “todo sea por el bien del pueblo”. Aunque hoy a la mañana y tras estar a punto de hostiarme en medio de un barrizal que hubiera hecho las delicias de cualquier aficionado a los ralis uno se pregunta ¿para que tanto? Solo espero que al final el pueblo no se convierta en una pequeña “barcinapolis” perdiendo cualquier seña de identidad anterior porque, y me gustaría equivocarme, ese camino parece que llevan muchos de nuestros pueblos.



Fiestas de Obanos (el blog)
