“De poca no, de ninguna” seguro que me respondió alguno de los que cene el sábado cuando me reprochaban que debía de haberlo soñado. Y dado lo volátil de mí memoria de pez debo decir que tampoco las tenía todas conmigo cuando aseguraba que por la mañana para rezar “el angelus” había abierto una botella crianza de Pagos de Obanos para ayudar a pasar un buen queso Ronkari. Pero al final y tal y como les prometí a los que allí estábamos, de confirmarse lo que conforme iban cayendo los gin-tonics se iba convirtiendo para mi vacilante cerebro en un echo fuera de toda duda, si el vino Pagos de Obanos Crianza existía, les iba a dedicar un post con este titulo.
Que no se me malinterprete, sin ser ningún entendido en caldos debo de decir que el Pagos de Obanos del año que saca la bodega Orvalaiz me parece que está más cerca del alcohol de quemar que del vino de mesa por eso cuando cogí un par de botellas de este crianza para probarlas no me esperaba demasiado aunque debo de reconocer que aún sin ser una maravilla se dejaba beber.
De todas maneras su desconcierto, el mío y el de cualquiera es más que comprensible ya que se trate del producto que se trate como consumidores nos vemos desbordados con una oferta abrumadora cuando salimos a la compra. Envases atractivos, campañas agresivas, colores vistosos no aptos para epilépticos…no son sino lo único que diferencia 12 marcas de productos iguales en su interior (seguramente producidos por el mismo fabricante). Y aún nos pensamos que elegimos!! Algo más simple era la elección en los tiempos del papel del elefante y el phoscao. Aquellos si que aplicaban la konsumoderazioa, no quedaba otra!!! ¿Dónde perdimos el norte (y el sur, el este, el oeste…)? ¿y los que montan todo este circo donde enterraron la vergüenza?
Que os sea leve el lunes!!


Fiestas de Obanos (el blog)
