El pasado lunes tuve al igual que muchos vecinos y vecinas de la villa, la oportunidad de contemplar algo bastante inusual, al menos desde mi vasta “basta” experiencia. Allí, al atardecer, hasta once cigüeñas se encaramaban enhiestas a lo alto de la torre de la iglesia.
Mi desconocimiento de las costumbres de las zancudas unido a lo “trendy” de la practica de publicidad viral, y la cercanía (ya vencida) de la festividad de San Blas, ayudó a poner en marcha mis divagaciones.
Pensé por un momento, que se trataba de una torpe estratagema de los vendedores de rosquillas, deseosos de deshacerse del stock sobrante de la última conmemoración del venerado Blas. Ya se sabe, San Blas, la cigüeña, las rosquillas…Descarté esta idea puesto que no me parecía el canal adecuado. Somos unas cuantas las que sabemos que pones un stock de difícil salida (me da igual calcetines de Naranjito, gorras de la Expo92, que las armas que dicen que va a dejar los del alto el fuego) en sitios tipo BuyVip, Privalia y similares y duran menos que Nacho Vigalondo en el grupo Prisa tras su famoso tweet.
Desechada está idea y tras contar las aves allí presentes (once si nos fijamos en la foto), su color blanco y negro (evocando a la clásico equipamiento del C.D. Infanzones), y lo delicado de su situación en la presente campaña, barrunté que podía tratarse de un sibilino mensaje de ánimo de los aficionados al once de Gazolaz, mostrándoles el camino a seguir, hacia arriba. ¿Un poco rebuscado? Tal vez.
Mejor dejamos esta línea de ¿pensamiento? lateral valga la redundancia a un lado y nos centramos en lo que más de una y dos pensábamos, ¡Amenaza! Amenaza porque como les de a las once cigüeñas de montarse un adosado con vistas a San Guillermo en la torre de la iglesia lo llevamos clarinete. Teniendo en cuenta lo que acaban pesando este tipo de nidos, la torre se viene más abajo que las torres gemelas de NY!
¡Quiera que no pase! Que esta iglesia, la misma que inmatriculó a su nombre este mismo templo, es capaz de pasar al pueblo la minuta de la reparación (y esta vez no tienen no hay un teleclub para expoliar). ¡Vaya que sí es una amenza!




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